Por Ismael Fernández P.
Cuando digo que el ser humano es un ser, por naturaleza, violento, no pretendo entrar en una discusión. Pero sería difícil, e incluso inconsecuente con las ideas planteadas en el primer "mini ensayo" de este blog. Porque en la discusión de una idea, se manifiesta también la violencia. En este sentido, algunos podrán estar en desacuerdo con la idea allí planteada, argumentando, quizás, que el ser humano no es por naturaleza violento, sino que esta la adquiere durante su experiencia de vida. También, que en la naturaleza no siempre se dan relaciones de violencia y competencia, en la medida que se dé un estado de equilibrio, donde "obtener algo" no implique la irremediable y violenta pérdida para otro. Pero cuando me refiero a "no pretendo entrar en discusión", quiero manifestar, en la medida de lo posible, que en TODO hay violencia. Si alguien quiere negar esta estricta afirmación, adelante, pero que quede claro que estará violentando mis postulados.
Cuando digo que el ser humano es un ser, por naturaleza, violento, no pretendo entrar en una discusión. Pero sería difícil, e incluso inconsecuente con las ideas planteadas en el primer "mini ensayo" de este blog. Porque en la discusión de una idea, se manifiesta también la violencia. En este sentido, algunos podrán estar en desacuerdo con la idea allí planteada, argumentando, quizás, que el ser humano no es por naturaleza violento, sino que esta la adquiere durante su experiencia de vida. También, que en la naturaleza no siempre se dan relaciones de violencia y competencia, en la medida que se dé un estado de equilibrio, donde "obtener algo" no implique la irremediable y violenta pérdida para otro. Pero cuando me refiero a "no pretendo entrar en discusión", quiero manifestar, en la medida de lo posible, que en TODO hay violencia. Si alguien quiere negar esta estricta afirmación, adelante, pero que quede claro que estará violentando mis postulados.
Quiero retomar mi discrepancia con la interpretación de la palabra violencia: "que está fuera de su natural estado". Cabe preguntarse, ¿cuál es nuestro natural estado? Si, por ejemplo, yo le pregunto a alguien que camina por la calle, qué hora es, y este me dice "son las dos y media", ¿seguiré yo, en mi estado natural, o seré acaso , a diferencia de mi Yo de hace un par de segundos, alguien que ahora sabe que son las dos y media? Sin duda, el cambio de mi naturaleza no ha supuesto una -aparente y experimentada- violencia: nadie que le responde la hora a quien se la pregunta está cometiendo un acto violento, mucho menos agresivo. Pero también debiésemos -y aquí vuelvo a la etimología de la palabra- aseverar que mi natural estado ya no es el mismo que el de hace unos momentos. ¿Qué podría definirse como "natural"? ¿Qué podría entenderse como algo que no cambia? Si por naturaleza entendemos lo "original", y a su vez coincidimos en que nada ha de mantenerse en su estado original, será lógico dar por hecho, entonces, que todo es violento. Se ha violado, por siempre, nuestro estado natural, nuestro hipotético estado original.
Dicho esto, creo importante generar una distinción fundamental: la violencia surge, como todo, del lenguaje humano, pero está, también, antes de éste. En definitiva, el lenguaje ha sido generado por la violencia. El ser humano es un ser que basa su existencia y el entendimiento de sí mismo y todo lo que lo rodea, a través de las significaciones que él establezca a través de un lenguaje compartido, comprendido y aceptado. Todo acto violento, por más que se "materialice", sólo tendrá sentido en la medida que se comprometa su significación dentro del lenguaje humano.Esto -ojalá se entienda- no es exclusivo de la violencia, sino de TODO sistema de significaciones, que, en conjunto, estructuran y forman el mundo (el lenguaje como generador de realidad).
En rigor, no podríamos establecer un "algo" fuera del lenguaje. Las fronteras de lo que existe -como de lo que no existe, e incluso, la existencia de las fronteras mismas- están dentro del lenguaje. Tampoco la violencia escapa a estos límites. Pero dejando de lado la eterna locuacidad de las premisas epistemológicas sobre el origen de las cosas -¿fuera o dentro del lenguaje?-, daré por hecho que éste, en definitiva, es generación -y no creación- humana. Es aquí donde puedo establecer que la violencia, existiendo en un estado pre-lingüístico, ha generado el lenguaje mismo: el ser humano primitivo -quizás-, en un constante proceso de asimilación de sus propios reflejos y características génicas, fue estableciendo las características del habla personal, de una lengua compartida, y por consiguiente, de un lenguaje definido que evolucionaría hasta el que conocemos hoy. Dicho proceso se fue complejizando en una constante de violencia: las nuevas formas de socializar con otros humanos, como la de desarrollarse en relación al mundo, de sobrevivir en él, y, a la larga, entenderlo y darlo a entender, generó un lenguaje compositivo. Sería interesante preguntarse ¿qué fue primero, si la complejidad del lenguaje o la complejidad de la sociedad? pero dicha respuesta nos haría caer de nuevo en una intriga epistemológica, de interminables aristas, y desviarnos mucho -o no tanto- del tema sobre la violencia.
Retomando, la violencia debe ser entendida en la siguiente medida: primero, que no escapa al natural estado de las cosas, sino, por el contrario, esta es natural(eza). Segundo, se manifiesta en el lenguaje humano, pero no sólo se encuentra fuera de éste, sino también lo genera. Tercero, y por conjunción, la naturaleza del humano es violenta: todo individuo, en la incapacidad de desprenderse de un lenguaje que le brinda significado y entendimiento a su existir, a través de éste obtiene su estado violento. Pero entonces, ¿que debiese entenderse por violencia? A diferencia del significado que alude el diccionario, donde la violencia "está fuera del natural estado", propongo que ésta viola -quebranta- el estado natural de las cosas. Como tal conceptualización supone una idea muy abarcadora de violencia -volviendo a la idea de que nada se mantiene en su estado original-, agregaría, en pos de concretizar ciertos ejemplos, que dicha violación supone algo abrupto al estado natural infringido. De esta forma, puede entenderse porqué la violencia muchas veces se manifiesta en forma "agresiva" o "impetuosa", por lo que el ser humano no sólo ha buscado rechazarla a través del lenguaje, sino también del actuar. La ingenuidad de dicha actitud esquiva -y como ya lo comenté en la parte I-, reside en que se evita la violencia, inevitablemente, con más violencia. Este ha sido, por lo demás, el motor de la historia humana.
